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Leer artículoel gran desafío de la salud moderna
Por qué necesitamos ampliar nuestra forma de prevenir, comprender y acompañar la salud humana.
Una enfermedad puede manifestarse de manera repentina, pero los procesos que influyen en nuestra salud suelen tener una historia mucho más extensa. Una historia que se desarrolla en nuestro organismo, en nuestros hábitos, en las experiencias que atravesamos y en las condiciones del entorno en el que vivimos.
Muchas veces, cuando aparece un síntoma o recibimos un diagnóstico, nuestra atención se concentra naturalmente en aquello que necesita ser tratado. Sin embargo, comprender una enfermedad también puede requerir mirar más allá de su manifestación inmediata y preguntarnos qué factores han intervenido en su desarrollo, cuáles pueden modificar su evolución y qué posibilidades existen para prevenir futuras complicaciones.
Esta mirada adquiere especial relevancia frente a uno de los mayores desafíos sanitarios de nuestro tiempo: las enfermedades no transmisibles (ENT), entre las que se encuentran las enfermedades cardiovasculares, la diabetes, el cáncer y las enfermedades respiratorias crónicas.
Su impacto nos invita a reflexionar sobre algo que va más allá de las cifras y los diagnósticos: la manera en que comprendemos la salud humana y organizamos las respuestas para cuidarla.
En nuestro artículo anterior exploramos la medicina evolutiva como una propuesta para ampliar nuestra mirada sobre la salud. Ahora nos detenemos en una realidad que ayuda a comprender por qué esa evolución resulta necesaria.
Las enfermedades no transmisibles son aquellas que no se contagian de una persona a otra. Aunque reúnen condiciones muy diferentes entre sí, muchas comparten una característica: su desarrollo y evolución están relacionados con múltiples factores que interactúan a lo largo del tiempo.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), las ENT provocaron al menos 43 millones de muertes en 2021, lo que representó aproximadamente el 75 % de las muertes mundiales no relacionadas con una pandemia. Las enfermedades cardiovasculares encabezan esta carga, seguidas por el cáncer, las enfermedades respiratorias crónicas y la diabetes.
Detrás de estas cifras encontramos historias personales y familiares, tratamientos prolongados, cambios en la vida cotidiana y sistemas de salud que deben responder a necesidades cada vez más complejas.
Pero también encontramos oportunidades.
Una parte importante de la carga de estas enfermedades está relacionada con factores de riesgo conocidos, sobre los que es posible intervenir mediante prevención, detección temprana, tratamientos adecuados y políticas de salud pública.
El desafío aparece cuando comprendemos que esos factores no actúan de forma independiente. La genética, los procesos metabólicos, las condiciones ambientales, los hábitos y el contexto social pueden combinarse de maneras distintas en cada persona.
Por eso, comprender las ENT requiere algo más que identificar una enfermedad. Requiere reconocer la complejidad de los procesos que participan en la salud y las distintas oportunidades de intervenir sobre ellos.
Durante mucho tiempo, el avance del conocimiento médico estuvo estrechamente relacionado con la posibilidad de estudiar el organismo en partes cada vez más específicas. Esa especialización permitió descubrimientos extraordinarios y continúa siendo indispensable para diagnosticar y tratar numerosas enfermedades.
Al mismo tiempo, la investigación científica ha profundizado nuestra comprensión de las relaciones que existen entre los diferentes sistemas del cuerpo.
Hoy sabemos que el sistema nervioso, el sistema inmunológico, el sistema endocrino y el metabolismo mantienen una comunicación constante. Lo que ocurre en uno de ellos puede influir en el funcionamiento de otros, mediante mecanismos complejos de regulación y adaptación.
La investigación sobre el estrés ofrece un ejemplo particularmente interesante.
El neurocientífico Bruce McEwen contribuyó a explicar cómo el organismo responde a las exigencias del entorno mediante mecanismos fisiológicos que nos permiten adaptarnos. Sin embargo, cuando estas respuestas se activan repetidamente o permanecen alteradas durante períodos prolongados, pueden generar un desgaste acumulativo conocido como carga alostática.
El investigador Robert Sapolsky también ha contribuido a divulgar y comprender los efectos del estrés sostenido sobre diferentes sistemas del organismo, mostrando la importancia de los mecanismos biológicos que intervienen en nuestra respuesta a situaciones exigentes.
Estos conocimientos nos permiten observar el estrés desde una perspectiva más amplia. No solamente como una experiencia emocional, sino como un proceso que involucra respuestas nerviosas, hormonales, metabólicas e inmunológicas.
La psiconeuroinmunología, por su parte, investiga las interacciones entre los procesos psicológicos, el sistema nervioso y la inmunidad, ampliando nuestro conocimiento sobre las relaciones entre la experiencia y el funcionamiento del organismo.
A este campo de investigación se suman otros avances relevantes. La neuroplasticidad nos muestra que el sistema nervioso posee capacidad de adaptación y modificación a partir de la experiencia, mientras que la epigenética estudia mecanismos que regulan la expresión de los genes y su relación con diferentes condiciones biológicas y ambientales.
Cada disciplina aporta conocimientos diferentes, con sus propios alcances y preguntas todavía abiertas. En conjunto, nos ayudan a comprender que el organismo es un sistema dinámico, en permanente interacción con su entorno.
Nuestra salud se desarrolla en esa interacción constante entre biología, experiencia y condiciones de vida.
Reconocerlo abre nuevas posibilidades para la prevención y el acompañamiento, siempre que sepamos distinguir entre los conocimientos científicamente establecidos y las hipótesis que continúan en investigación.
Si observamos los principales factores de riesgo asociados a las enfermedades no transmisibles, encontramos aspectos profundamente vinculados con nuestra manera de vivir.
La OMS identifica el consumo de tabaco, la alimentación poco saludable, la actividad física insuficiente, el consumo nocivo de alcohol y la contaminación atmosférica entre los factores que contribuyen de manera importante al desarrollo de estas enfermedades.
La calidad del descanso, el estrés prolongado y las relaciones sociales también pueden influir sobre diferentes dimensiones de nuestra salud.
Sin embargo, detrás de cada hábito existe una realidad que merece ser comprendida.
Pensemos, por ejemplo, en una persona que atraviesa jornadas laborales extensas, descansa pocas horas, dispone de escaso tiempo para preparar sus alimentos y vive bajo una presión económica constante. Recomendarle una alimentación equilibrada, actividad física y descanso suficiente puede ser adecuado, pero llevar esas recomendaciones a la práctica probablemente implique dificultades que van mucho más allá de su voluntad.
Este ejemplo nos recuerda que las decisiones individuales se encuentran profundamente relacionadas con las oportunidades y limitaciones del entorno.
La educación, los ingresos, las condiciones laborales, la vivienda, el acceso a los servicios sanitarios y los vínculos comunitarios forman parte de lo que conocemos como determinantes sociales de la salud.
Comprender su influencia modifica también nuestra manera de pensar la prevención.
Cuidar la salud implica desarrollar hábitos favorables, pero también generar condiciones que permitan sostenerlos. Requiere información, recursos, acompañamiento y entornos capaces de facilitar decisiones saludables.
De esta manera, la prevención deja de ser una responsabilidad exclusivamente individual y se convierte en una tarea compartida entre las personas, los profesionales, las instituciones y la sociedad.
Existe otra dimensión que merece atención: la manera en que cada persona vive, interpreta y responde a sus circunstancias.
Nuestras experiencias participan en la construcción de hábitos, comportamientos, vínculos y formas de afrontar las dificultades. También pueden influir en los mecanismos fisiológicos relacionados con el estrés y en los recursos que utilizamos para adaptarnos a situaciones nuevas.
Una persona que atraviesa una enfermedad crónica puede necesitar mucho más que comprender su diagnóstico. Tal vez deba reorganizar aspectos de su vida cotidiana, encontrar nuevas formas de relacionarse con su cuerpo, revisar hábitos profundamente arraigados o aprender a convivir con la incertidumbre que supone un tratamiento prolongado.
En ese proceso, el acompañamiento psicológico, el apoyo social y el desarrollo de recursos personales pueden desempeñar un papel importante.
La capacidad de adaptación del sistema nervioso y nuestra posibilidad de aprender nuevas formas de responder a las experiencias nos recuerdan que el cambio sigue siendo posible a lo largo de la vida.
Esa posibilidad, sin embargo, no significa que toda enfermedad pueda modificarse mediante pensamientos, creencias o transformaciones emocionales. Los procesos de salud son diversos y sus causas no siempre pueden identificarse, prevenirse o controlarse.
La importancia del cambio personal reside en reconocer aquello sobre lo que podemos intervenir y encontrar herramientas para hacerlo, sin convertir la enfermedad en una responsabilidad moral.
Participar activamente en nuestro cuidado no significa tener el control sobre todo lo que ocurre en nuestro organismo. Significa poder involucrarnos, comprender nuestras posibilidades y construir, junto con otros, mejores condiciones de bienestar.
Esta perspectiva también transforma la relación entre profesionales y consultantes. La escucha, el intercambio de información y la participación en las decisiones permiten construir procesos de atención más cercanos a las necesidades y circunstancias de cada persona.
El conocimiento sobre las enfermedades no transmisibles continúa avanzando, pero su complejidad también nos enfrenta a una dificultad: cómo transformar todo lo que sabemos en formas de cuidado que funcionen de manera coordinada.
Una persona puede recibir atención de diferentes especialistas, necesitar acompañamiento nutricional, apoyo psicológico, rehabilitación o intervenciones relacionadas con sus hábitos y condiciones de vida. Cada profesional observa aspectos específicos, utiliza herramientas propias y aporta conocimientos desde su campo de actuación.
La especialización permite abordar problemas concretos con profundidad. El desafío consiste en conectar esas intervenciones para que formen parte de un proceso coherente.
En este sentido, los modelos de atención integral, la medicina familiar, la prevención y el trabajo interdisciplinario representan avances fundamentales sobre los que podemos seguir construyendo.
También existe un creciente interés por diferentes prácticas y tradiciones vinculadas con la salud y el bienestar. Algunas cuentan con evidencia sólida para determinadas indicaciones; otras presentan resultados todavía limitados o pertenecen a marcos de conocimiento distintos de la investigación biomédica.
Reconocer esa diversidad requiere apertura, pero también responsabilidad.
Integrar no es simplemente sumar prácticas. Es comprender qué puede aportar cada una, cuáles son sus límites y cómo pueden relacionarse de manera segura y pertinente.
Esto supone respetar las competencias profesionales, considerar la evidencia disponible, identificar posibles riesgos y reconocer cuándo es necesaria una evaluación o intervención médica específica.
La riqueza de una mirada integradora se encuentra precisamente en esa capacidad de distinguir y conectar.
Porque las necesidades de una persona pueden cambiar a lo largo del tiempo, y las respuestas que resultan adecuadas en un momento no necesariamente serán las mismas en otro.
La pregunta que guía el acompañamiento comienza entonces a ampliarse: además de comprender qué enfermedad presenta una persona, necesitamos conocer su contexto, sus recursos, sus preocupaciones y las posibilidades de cuidado que tiene a su alcance.
Las enfermedades no transmisibles nos muestran la importancia de seguir ampliando nuestra comprensión de la salud. Nos recuerdan que detrás de cada diagnóstico existe una persona cuya realidad no puede reducirse a un conjunto de síntomas o resultados clínicos.
Desde Bodhiwell, entendemos que está cambiando la forma en que comprendemos, buscamos y acompañamos la salud humana.
Los avances científicos, la creciente atención a los determinantes sociales, la valoración de la experiencia personal y el diálogo entre diferentes disciplinas nos ofrecen nuevas oportunidades para construir una visión más amplia.
En ese escenario nace Bodhiwell: como un espacio que busca acercar personas, profesionales y conocimientos, favorecer el encuentro entre distintas perspectivas y contribuir a una búsqueda de salud más informada, consciente y participativa.
No para reemplazar a nadie, sino para crear puentes. Para reconocer el valor de cada
disciplina dentro de sus posibilidades, promover el intercambio y facilitar conexiones que puedan enriquecer los procesos de cuidado.
Creemos que evolucionar nuestra forma de acompañar la salud también implica aprender a escuchar mejor, comprender los contextos, reconocer los límites del conocimiento y mantener la disposición a seguir aprendiendo.
La tecnología, la investigación y la innovación continuarán ampliando las posibilidades de la medicina. Pero esa evolución también necesita una dimensión humana: relaciones de confianza, decisiones compartidas y una comprensión de la persona que contemple mucho más que su enfermedad.
Porque, en definitiva, ampliar nuestra mirada sobre la salud no significa alejarnos del conocimiento que hemos construido, sino encontrar nuevas formas de conectarlo y ponerlo al servicio de las personas.
Y quizás allí se encuentre uno de los mayores desafíos de la salud moderna: aprender a comprender cada vez mejor las enfermedades, sin perder de vista a quienes las viven.
Glosario
Este glosario reúne conceptos clave que aparecen en el artículo y ofrece una definición breve para facilitar su comprensión y ampliar el contexto de lectura.
Conjunto de enfermedades que no se transmiten de persona a persona. Muchas presentan una evolución prolongada y están relacionadas con una combinación de factores genéticos, fisiológicos, ambientales y de comportamiento.
Concepto que describe el desgaste fisiológico acumulado que puede experimentar el organismo cuando sus mecanismos de adaptación al estrés se activan repetidamente o permanecen alterados durante períodos prolongados.
Campo interdisciplinario que estudia las interacciones entre los procesos psicológicos, el sistema nervioso, el sistema endocrino y el sistema inmunológico.
Capacidad del sistema nervioso para modificar su estructura, sus conexiones y su funcionamiento en respuesta al aprendizaje, la experiencia y otros procesos biológicos.
Campo de la biología que estudia mecanismos que regulan la actividad de los genes sin modificar la secuencia del ADN y su relación con diferentes condiciones biológicas y ambientales.
Condiciones sociales, económicas y ambientales que influyen en la salud de las personas, incluyendo aspectos como la educación, el trabajo, los ingresos, la vivienda y el acceso a servicios.
Enfoque de atención que considera diferentes necesidades y dimensiones de la persona, procurando coordinar las intervenciones y servicios necesarios a lo largo de su proceso de cuidado.
FUENTES
Esta sección reúne las principales fuentes utilizadas en el artículo y materiales de referencia que permiten ampliar, contextualizar y profundizar los temas abordados.
Enfermedades no transmisibles. Ficha informativa, septiembre de 2025. https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/noncommunicable-diseases
Determinants of health. Información sobre los factores individuales, sociales y ambientales que influyen en la salud. https://www.who.int/news-room/questions-and-answers/item/determinants-of-health
Stress, adaptation, and disease: Allostasis and allostatic load. Annals of the New York Academy of Sciences, 840, 33–44. https://doi.org/10.1111/j.1749-6632.1998.tb09546.x
Physiology and neurobiology of stress and adaptation: Central role of the brain. Physiological Reviews, 87(3), 873–904. https://doi.org/10.1152/physrev.00041.2006
Why Zebras Don't Get Ulcers (3.ª edición). Henry Holt and Company.
Whole Person Health: What It Is and Why It's Important. https://www.nccih.nih.gov/health/whole-person-health-what-it-is-and-why-its-important
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